miércoles, 15 de julio de 2009

2. EL PERIODISMO ABRAZA A PONIATOWSKA


“De la calle fui al periodismo y gracias al periodismo,
preguntando, tuve la suerte de conocer a
Tamayo, a Henry Moore, a Octavio Paz, a Borges, a
Rulfo, a Miguel León Portilla, a García Márquez, a
Leonora Carrigton, a Rosario Castellanos,
a Dolores del Río, a Julio Cortázar, a André Malraux,
a Nadine Gordimer, a Susan Sontag, a Carlos Fuentes
y nunca nadie tuvo mejores maestros”

Elena Poniatowska


A los nueve años de edad Elenita llega a México, pero no es sino hasta una década después, a los 19, que desata el nudo de su gran curiosidad al ingresar al mundo del periodismo en Excélsior. Empezó a firmar como “Dumbo”.

“Todo lo que soy se lo debo al periodismo, si algo he hecho en la escritura ha sido gracias a él. Mi formación, mi código moral, todo lo he hecho a través de este trabajo. Siempre, en todas partes, cuando tengo que decir o escribir mi profesión pongo periodista, jamás pongo escritora; en el pasaporte, en todas partes. Hay quienes piensan que es más prestigioso ser escritor que periodista, a lo mejor tienen razón, pero aún así me sigo considerando periodista”.

Elena se inició en Excélsior, cuando casi no había mujeres en el gremio. “Estaba Elvira Vargas y Rosa Castro, quienes se dedicaban a crónicas sociales, es decir, a reseñar bodas y presentaciones, por ejemplo. Socorro Díaz fue directora y Sara Moirón jefa de información del periódico El Día. Ana Cecilia Treviño, Bambi, empezó a hacer entrevistas y obtuvo buena respuesta. Ahora hay mayor cantidad de mujeres, La Jornada la dirige Carmen Lira Saade”.

Explica y está convencida de que el periodismo en México ha tenido enormes avances, “el lenguaje es mucho más directo, el tono es más rápido. Ahora puedes hablar más, los formatos han mejorado me gusta el formato tabloide, ya que los periódicos de ahora no son esa cantidad de hojas tan espantosas que antes se tenían que cargar.

“Creo en el periodismo joven, pero ahora los chavos están interesadísimos en figurar en la televisión. Les interesa ser carita e irse a la tele. No les gusta redactar ¿qué clase de periodistas quieren ser?

“Antes se hablaba por clichés, se decía: apoteótica multitud recibió al presidente. Yo sólo escribía lo que veía: el presidente llegó y se le atoró un pie en la alfombra y por poco se va de bruces y si no es por un guarura que lo sostiene se hubiera caído totalmente.

“Cuando me inicié en el periodismo no se podía entrevistar a la gente de la calle, ni hablar de una colonia marginada o pobre porque denigraban a México. Incluso Jorge Ferreti, que fue el director de cinematografía, invitó a Carlos Fuentes y a Juan Rulfo a ser censores, se sentaban capulinamente, no hacían nada, a ver la película, si se atravesaba un perro flaco en el escenario decían ¡Corte!, la imagen de este perro denigra la imagen de México, cortaban la escena y sacaban al perro a pedradas y se volvía a filmar. Había una atmósfera de que lo feo no se podía publicar, no se dice, no aparece.

“En los años 70 empecé a escribir crónicas sociales y siete años después, fueron más aceptadas. “En este país los periodistas actúan como censores, porque a muchos funcionarios públicos les da miedo ser denunciados en los periódicos y aparecer en revistas como Proceso, que denuncian las corruptelas, los robos y las trampas de funcionarios públicos; esto sirve de freno a la inmoralidad”.


Casualidades de la vida: Una puerta hacia el acontecer citadino


“En mi casa recibíamos el periódico Excélsior y leía las entrevistas de Bambi. Una amiga, María de Lourdes Correa, me dijo que su tío era el director de la sección de sociales de Excélsior y me acompañó para decirle que quería ser periodista: Para salir del compromiso, Eduardo Correa me dijo: “Hazle una entrevista a mi sobrina. A ver cómo te sale y me la traes.

“Tenía 19 años cuando esa misma tarde acudí a un coctel de la condesa Helen Nazelli y el embajador de Estados Unidos en México, Francis White, estaba ahí. En ese festejo le dije a mi mami: ¡dile que soy periodista, dile que soy periodista y que quiero hacerle una entrevista!

Al presentarme con el embajador, éste me hizo así en la cabeza –se toca para explicar– y me dijo: ¡buena niña, buena niña!, -cambia el tono de voz, como si fuera la del embajador- pues que venga mañana a mi oficina. Y al día siguiente fui a la embajada frente al restaurante Bellinghausen, no era ese edificio imponente que ahora nosotros conocemos, en Reforma.

Le hice una entrevista de lo más idiota, le pregunté cualquier cantidad de babosadas, una sarta de tonterías porque yo no era periodista ni nada, me improvise en ese segundo y le pregunté ¿cómo veía las relaciones con México?, él acababa de llegar como embajador ¿qué iba a hacer para mejorarlas?, era un señor de pelo blanco parecía Santa Claus y me regaló una foto, la llevé a Excélsior y me la publicaron de inmediato porque él no había dado ninguna conferencia de prensa.

Les gustó. “De ahí el director de sociales me dijo: ¡tráigame para mañana de inmediato una entrevista! Y yo dije ¿A quién entrevisto?, ¿cómo le hago? Entonces caminé por Reforma, iba a mi clase de taquimecanografía y pasé por el Hotel del Prado y en la marquesina vi un letrero que decía: Amalia Rodríguez Canta Fados Portugueses.

“Entré y dije que quería hacer una entrevista, me preguntaron: ¿de parte de quién? contesté de parte de Excélsior y de inmediato me dijeron que pasara a ver a la señora. Eso fue como el ábrete sésamo, si no nunca me hubiera recibido e incluso me invitaron a las noches de cabaret para disfrutar el espectáculo”.

Contrario a la felicidad que a Elena le dio ejercer el periodismo, a Doña Paulette no le pareció apropiado que una mujer de abolengo se metiera en ese mundo dominado por los hombres y por gente de clase media, pues no era de buen gusto aparecer en la prensa salvo el día de la boda o de la muerte, pero escribir ni siquiera se pensaba.

El secretario de Redacción era Raúl Durán Cárdenas, quien comenta que a Elenita nunca se le marcó una línea para sus entrevistas, ella era una colaboradora libre, buscaba sus entrevistados, hacía su trabajo y lo llevaba al periódico. Ese desempeño le valió para ser calificada como la mejor entrevistadora de México.

Poniatowska fue la primera mujer en ganar el Premio Nacional de Periodismo en 1979. Es así como se convierte en un personaje esencial porque enseña a contar las cosas de otra manera, donde se mezclan emociones, sentimientos y no se pierde nunca de vista el telón social, que es el que siempre le ha interesado.

“Me dio mucho gusto recibir el premio. Lo había recibido Socorro Díaz, pero ella como directora de un suplemento que finalmente no dirigía, fue una enorme alegría y fue más grato porque mi papá me acompañó, pero lo más triste fue que no me atreví a presentarle a mi papá al presidente José López Portillo. Hubiera podido hacerlo porque mi papá fue un soldado y un hombre extraordinario”, dice Elena.

Ella se inició en el periodismo un poco por casualidad y eso siempre ha sido como la fuente de su enorme sensibilidad. Sobrina de la poetisa Pita Amor, se liga a los grandes intelectuales de la época y ahí es donde le surge el gusto por la escritura y la literatura.

“Escuchar y no hablar”, la magia de la entrevista

Dos años fueron suficientes para que la joven Elenita demostrara un estilo propio, con inocencia desentraña las más profundas cosas y rescata con su pluma escenas, personajes pintorescos y cotidianos del país.
“Iba buscando y descubriendo mi país en la medida que hacía mis entrevistas.

Yo creo que hice entrevistas por una razón muy personal porque estoy llena de preguntas… y nunca he tenido una respuesta, entonces siempre voy preguntando a una gente y a otra, incluso en las reuniones les pregunto ¿qué piensas de esto? ¿Qué pasó allá?, soy muy insegura, muy preguntona.

“Yo hacía las entrevistas a tontas y a locas, llegaba sin saber absolutamente nada de las personas. A Diego Rivera le pregunté si sus dientes eran de leche, porque se los vi muy chiquitos, y me dijo: ¡con estos me como a las polakitas preguntonas!.

Para Poniatowska, el periodismo es, de cierta manera, un modo de estar sobre la tierra y aprehender el mundo, de intentar entenderlo. En alguna ocasión el dramaturgo Víctor Hugo Rascón dijo que Elena como periodista sabía cómo preguntar, ya que hacía cuestionamientos ingenuos que eran bombas en la boca del entrevistado.

La periodista explica que una entrevista debe hacerse rápida y concisa. Cuidando que el personaje quede perfectamente bien retratado. Además le gusta más entrevistar hombres porque dice que ellos no tienen pose, como las mujeres. “¡Bueno!, exceptuando a los pintores”.

“La magia de escribir es mirar hacia la pantalla y jamás corregir hasta que termine. En ocasiones mis artículos son muy largos y también malísimos, pero se convierten en la materia prima de donde saldrá después un cuento, un artículo, una entrevista o un prólogo”.

Entre maestros del periodismo te veas

Los inicios de Elena Poniatowska en Excélsior la llevan a tener un acercamiento con grandes personajes de su tiempo, que a su vez le ayudaron a forjarse en esa profesión que “ha abrazado”, con mucha dignidad, y arguye: “quien no la tenga mejor que se dedique a otra cosa”.

Dentro de los géneros periodísticos destacó en la entrevista y en la crónica; en ellos renovó el lenguaje con la habilidad para jugar con las voces del entrevistador y el entrevistado, así como con distintos estilos que dan un sello inconfundible a sus narraciones. Octavio Paz llegó a decir que era la mejor periodista de México.

El 7 de julio de 1955 la vida de Elena da un giro de 360 grados: nace en Roma su primer hijo, Emmanuel, suceso que la llena de alegría. A partir de ahí la vida de la escritora giró en torno a él y a sus libros. Ya que al regresar a México lo hizo con la idea de escribir una novela… y también de hacer miles de entrevistas para Novedades.

A finales de 1955 Elenita entró al suplemento de Novedades México en la Cultura, dirigido por Fernando Benítez. Se hizo amiga de José Emilio Pacheco, de Carlos Monsiváis y de Jaime García Terrés y Gastón García Cantú, quienes eran los encargados del suplemento cuando Benítez no estaba.

Elena continuó con su labor periodística y en 1959 se encuentra con el astrofísico mexicano Guillermo Haro, personaje hosco, quien el día de su entrevista le da unos artículos que él había escrito y le dice que intercale preguntas y allí encontraría las respuestas, pues tenía una opinión pésima de los periodistas, y la despidió de su oficina. De ahí que se convirtiera en un reto personal y profesional entrevistarlo.

A los 15 días Elena toma el autobús rumbo a Tonantzintla para entrevistarlo “como Dios manda”, con preguntas preparadas y buenas y lo logró. La entrevista se publicó en Novedades el 10 de enero de 1959.

Fue así como comenzó la amistad con Haro, que después se convirtió en algo más serio. “Recuerdo que una de las primeras veces que lo vi me regaló 12 docenas de rosas, hubo que ponerlas en cubetas porque no sabía donde meter tanta flor. Íbamos a comer a La Tablita, y yo siempre perdía algo, supongo que de la emoción”.

En 1968 toma la decisión que cambió el rumbo de su vida, contrajo matrimonio con el astrofísico con el que tuvo dos hijos: Felipe y Paula. Guillermo era un hombre 20 años mayor que ella, pero lo admiraba por su inteligencia y seriedad.

“Fue un honor compartir la vida con un hombre tan inteligente. Además me enseñó a amar a México, se preocupaba por el futuro de los jóvenes a quienes mandaba a hacer su doctorado a Inglaterra, Francia o Estados Unidos.

Felipe, su hijo, nació el 4 de junio de 1968. Estudió economía en el Tecnológico de Monterrey campus ciudad de México y tiene un doctorado en cinematografía, realiza producciones de cine en su filmadora que está ubicada en Puebla. Paula, su hija menor, nació el 11 de abril de 1970, es fotógrafa profesional y ha realizado exposiciones en varias ocasiones.
Actualmente Elena es abuela de 10 nietos.

lunes, 13 de julio de 2009

1. CUNA POLACA, DE ORIGEN FRANCÉS CIEN POR CIENTO MEXICANA


“Al igual que mis padres,
difícilmente tomo la más nimia
de las decisiones.
Dejo que las cosas caigan
por su propio peso
aunque me caigan en la cabeza,
mejor dicho, en el alma
y me aplasten como un zapote”

Elena Poniatowska


Descendiente de María Leszczyyinska, la segunda mujer de Luis XV de Francia, de Estanislao II Augusto (1764-1795), último rey de Polonia como nación independiente. Su reino estuvo marcado por los sucesivos repartos de ese país europeo entre Rusia, Austria y Prusia.
El príncipe Andrés Poniatowski se casó en París, en 1894, con Elizabeth Sperry Crocker, descendiente de la familia de Benjamín Franklin. De esa unión hubo cuatro hijos, el menor fue el príncipe Jean Joseph Evremond Poniatowski Sperry, francés de origen polaco, padre de Elena, que luchó contra los rusos por la independencia de Polonia.

Su madre, Paulette Amor Yturbe, nació en México en 1908 y se educó en Francia. Hija de Don Pablo Amor, prominente caballero mexicano cuyas haciendas fueron las más extensas del estado de Morelos, y Doña Elena Yturbe. Una familia porfiriana exiliada tras la Revolución mexicana. En la ciudad luz la madre de Elena se casó, en 1930, con el heredero de la corona polaca Jean Evremont Poniatowski Sperry, y al consolidarse la relación nacieron sus dos hijas: Hélene (Elena), quien por ser la primogénita, fue conocida como la princesa roja, y Kitzia, un año menor que ella.

Una mirada a la infancia


"Tengo recuerdos de mi infancia en campos de lavanda, recuerdos del sur de Francia, de los viñedos, de un abuelo que me enseñó a leer y a escribir y que era muy severo. Era un hombre de enorme inteligencia, fue mi primer maestro, me daba clases y me hacía sufrir mucho con las matemáticas y con la gramática”.

En el pasado familiar de Elena hay parientes reales, héroes nacionales, figuras de abolengo que se mueven orgullosos en un triángulo polaco-franco-mexicano. Princesa polaca que podría gozar del glamour y de los oropeles de la vida, deja el tálamo y los platillos suculentos para convertirse en una escritora comprometida con los cambios sociales de pobres, marginados, mujeres de todos los tiempos y de todos los estratos sociales.

El abuelo de Elena, el general Poniatowski, tuvo el abolengo y el rango de nobleza a partir de que el bisabuelo combatió con las tropas de Napoleón, por las batallas libradas y en premio, se le dio título por la conquista de Polonia en manos de Napoleón.

Pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial, hizo que la madre de Elena tomara la decisión de salir de Francia con sus dos hijas. Decidió refugiarse en México.
La abuela paterna, Elizabeth Sperry Crocker, norteamericana, proveniente de una familia emprendedora, quería mucho a Kitzia y a Hélene; y fue quien más se opuso a que se vinieran a México. “Por las noches nos enseñaba una revista, National Geographic Magazine, donde aparecían hombres y mujeres con huesos atravesados arriba de la cabeza, los labios deformados. Mientras las hojeábamos nos decía: Miren niñas, esto es México.

“Al llegar a México, a los nueve años, tuve una impresión muy grande porque en Francia yo siempre sentí que nadie me pelaba, no me hacían caso. A lo mejor sí, pero París estaba lleno de güeritos de ojos azules y aquí no. ¡Aquí sí pegué, más que mi hermana! Eso desde luego me hizo sentir mucho agradecimiento por México, porque de repente me sentí más segura”.
Para Elenita todo representa un desafío, íntimamente vinculado a su reducida estatura, condición que le afectó. Creció al lado de su hermana, quien mide 1.77 metros, y Elena mide tan sólo 1.57. Eso le hizo sentir una incertidumbre y, como ella misma se dice, ser preguntona.

“Todo lo que soy se lo debo a esa inseguridad. Lo que he hecho ha sido debido a que nunca creí que cumplía con los requisitos que me exigía la sociedad y el mundo al que pertenecía”.

Mientras, el padre de Elena se había alistado en el ejército y combatió en el desembarco de Normandia el 6 de junio de 1944 –fue la invasión de Europa llevada a cabo por el noroeste de Francia, entonces ocupada por la Alemania nazi–. Al término de la guerra recibió la Cruz de Caballero de la Legión de Honor, la Cruz de Guerra y muchas otras condecoraciones por su participación en la Segunda Guerra Mundial.
Cuando todo había terminado, en 1947, lo más importante para él fue reunirse con su familia en México y en ese mismo año nació Jan, el tercer hijo del matrimonio.


“A mí la guerra me marcó durante muchos años, por la ausencia de mi padre, porque sólo cinco años después de que llegamos a México lo volví a ver. Sabíamos que corría peligro porque era paracaidista y siempre estuvo en los puestos de avanzada, sabíamos que lo aventaban de un avión a lugares ocupados. Cuando veíamos en el cine los noticieros, que en esa época era muy difícil que nos hablaran de la Segunda Guerra Mundial, y ver caer los honguitos de los paracaídas y cómo les disparaban fue muy impactante para mí”.

Más tarde, en 2001, en una teleconferencia que enlazaran las sedes de la editorial Alfaguara, en Colombia, Argentina, Chile, El Salvador, Bolivia, Miami y Madrid; Poniatowska respondió a sus colegas periodistas quienes dijeron que ella era una europea trasplantada a México –refiriéndose a que ella nació en París– y de manera muy elocuente respondió: “De trasplantada nada. Mi madre es mexicana, lo que sucedió es que mi familia se tuvo que ir a París porque la Revolución les requisó las haciendas. A mí me gustaría haberme llamado Elena Amor, pero mi tía Guadalupe Amor, que era poeta, me prohibió firmar así diciéndome Tú eres una pinche periodista y yo soy una diosa”, comenta Elena en una nota escrita por ella en el periódico La Jornada, del 8 de marzo de 2001.

Coqueteo con la pluma


Desde muy niña, Elena ya escribía y lo hacía en su diario, que le daba la oportunidad de saber qué hizo bien o mal y así mejorar cada día. Su conciencia perceptiva, por ejemplo, la llevaba a pensar por qué ella tenía más que la muchacha de su casa y de ahí surgieron sus ideales de ser voz de los que menos tienen.
Destacó en la escuela con buenas calificaciones y cuando fue al convento escribió en inglés un texto titulado On Nothing (Sobre nada), que se publicó en 1950, en el volumen XV de la revista The Current Literary Coin. Fue el primero de muchos de su autoría que se leerían con el correr de los años.

domingo, 12 de julio de 2009

ARTÍCULO 6° CONSTITUCIONAL "GARANTIZAR EL DERECHO A LA INFORMACIÓN"

Hace más de un cuarto de siglo que se incluyó en el artículo 6° constitucional la obligación del Estado de garantizar el Derecho a la Información. Pero al haber quedado en un mismo artículo la garantía individual básica, ésta se interpretó como una garantía social relativa a la regulación de los medios masivos de información. Cuando de lo que se trata es exigir al gobierno el acceso a la información que posee y genera, mediante la apertura de sus archivos. Ya que en los pasados sexenios prevaleció la opacidad como cultura.

Todo Estado democrático tiene la obligación de dar a conocer la información que produce como resultado de la toma de decisiones y también la que recaba de los ciudadanos y los movimientos sociales como parte de sus actividades de inteligencia para la prevención de acciones contra el Estado. La entrega de dicha información únicamente tendrá como límite de la privacidad de las personas y la seguridad nacional.

Antes de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información existía una legislación dispersa en materia de archivos. A nivel federal, según decreto presidencial de 1981 el Archivo General de la Nación, órgano descentralizado de la SEGOB, es el asesor del ejecutivo federal en materia de archivos. Hasta 1999 se incorporó el término de 30 años de reserva, en documentos que por razón de seguridad nacional deberían permanecer en resguardo. Ya que no se había establecido qué documentos debían ser transferidos por diversas oficinas del ejecutivo federal al AGN para consulta pública.

Al trasladarse el AGN a la Penitenciaría de Lecumberri, no se contó con espacio para recibir documentación, como tampoco las condiciones mínimas de 40% de humedad, 15°C temperatura, cero contaminación de ácidos nítrico y sulfúrico. Como sí se prevé en los inmuebles construidos ex profeso para albergar archivos. Ello sirvió para exhortar a cada Secretaría de Estado para que hiciera su propio Archivo Histórico, la medida fracasó y las constancias gubernamentales se han ido perdiendo, unas destruidas premeditadamente, otras por negligencia al ser embodegadas en inmuebles inhóspitos, lo que se traduce en ineficiencia gubernamental y pérdida de memoria histórica.

La Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos incluye la obligatoriedad de hacer entrega de los archivos bajo su responsabilidad, pero al no especificarse sanción a su incumplimiento, es común que al cambio de autoridades, los nuevos funcionarios no encuentren nada.

La Historiadora de la UNAM, Patricia Galeana hace mención en su Conferencia del 1 de julio de 2004: “Hemos vivido un cambio político, que para convertirse en una verdadera transición democrática, requiere de una profunda reforma de estado de sus estructuras, mediante la revisión integral de la Constitución. En este sentido, hemos propuesto una reforma con base en el artículo 73 constitucional, para que se establezca la facultad coexistente en la regulación de los archivos públicos y la creación de un órgano autónomo del estado responsable de esta tarea.

“Con ello se establecerá la preservación y acceso de la documentación que se genera en los tres poderes, y sanciones a los servidores públicos que oculten, destruyan o, por omisión permitan que se deterioren los archivos públicos, uniformándose la metodología archivística y el término para la documentación clasificada, por razón de seguridad nacional o de privacía de los individuos. Cumpliría así como estado democrático de garantizar el habeas data”.

Además hace mención de construir inmuebles con las especificaciones internacionales, y no con cárceles panópticas, como Lecumberri donde cada uno de sus brazos tiene diferente orientación, por lo que es imposible mantener temperatura y humedad, además de tener una ubicación en las áreas más contaminadas de la Ciudad de México, cuyos ácidos nítrico y sulfúrico son letales para los documentos.

Una Ley Nacional de Archivos es esencial para el acceso a la información, que redundará en una administración más eficiente. Ya que el ejercicio del derecho a la información permitirá que una ciudadanía mejor informada, pueda participar de manera más consciente y responsable en la vida democrática del país. El IFAI, aprobado en diciembre de 2002, tiene como obligación garantizar que los asuntos públicos sean realmente del dominio común, y dar especificaciones para suplir las lagunas legales que aún existen.

En cumplimiento del acuerdo presidencial del 27 de noviembre del 2001, desde febrero del 2002, La Secretaría de Gobernación transfirió la documentación del Centro de Investigación y Seguridad Nacional a su propio órgano desconcentrado, el AGN. También la Secretaría de la Defensa Nacional, que no había transferido información al AGN desde 1932 envió la correspondiente al periodo 1965-1985. “No faltó quien pensó que la información fue depurada”, asegura la historiadora.

Los archivos son fuente donde la ciudadanía puede vigilar al Estado, y defender sus derechos, por tanto la eficacia de los mismos, influye en el desarrollo económico, al garantizar que se evite el mal uso de los recursos, la duplicidad de acciones y los malos manejos. Ya que la función que dio origen a los archivos sigue siendo la misma: conservar, clasificar, inventariar y difundir la memoria histórica acumulada. Sin embargo, también es cierto, esta tarea enfrenta nuevos retos que es necesario solventar de una manera institucional y eficaz, mediante la creación de un ordenamiento jurídico que defina con base en experiencias nacionales e internacionales, un proyecto uniforme de los sistemas de clasificación. Con base en esto, el AGN debe de proponer disposiciones que contribuyan a crear la normatividad general para un sistema nacional de archivos.

Por su parte, los legisladores Carlos Madrazo Limón y Ruth Zavaleta Salgado, sometieron a consideración del pleno de la Cámara de Diputados la iniciativa con proyecto de decreto, el 7 de noviembre de 2006. Por el que se expide la Ley Federal de Archivos, donde consideran que en los últimos 25 años se aprecia un notorio proceso de transformación. “El AGN promueve las normas, los estándares y las mejores prácticas internacionales avaladas por el Consejo Internacional de Archivos (International Council of Archives) (ICA) y la Organización Internacional para Estandarización (International Organization for Standardization) (ISO).

Estas normas se desarrollan considerando las experiencias de diversos países y ámbitos, con aportaciones de expertos de todas las latitudes. Entre las vigentes y de más amplia vinculación con los archivos destacan, en este contexto, la Norma Internacional General de Descripción Archivística ISAD-G, la Norma Internacional de Registros de Autoridades Archivísticas relativos a Instituciones, Personas o Familias ISAAR-CPF y las normas internacionales de administración de archivos ISO 15489-1 e ISO 15489-2. Por ello, la presente iniciativa estimula la estandarización de las políticas de administración de archivos”.

Los legisladores consideran que, la iniciativa es consistente, armónica y complementaria con las disposiciones existentes en el orden jurídico nacional en materia de conservación, protección, custodia y difusión de archivos y documentos de relevancia, como las contenidas en la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental, la Ley General de Bienes Nacionales y la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, entre otras más.

Sin embargo, además de una legislación propia en materia de archivos que defina los cuidados, y el tipo de inmuebles donde deben resguardarse, también se debe incluir en esa legislación normas específicas en cuanto a los requisitos que deben cumplir no sólo los archivistas, que tal vez deberían contar con la licenciatura en archivonomía, sino los directivos de esas instituciones, ya que actualmente, por ejemplo, el titular del AGN es un poeta, Jorge Ruiz Dueñas, y no una persona versada en archivos.

Asimismo, se debe señalar que no porque los documentos de la Sedena y el Cisen hayan sido transferidos a un archivo que debe ser público, toda la ciudadanía tiene acceso a los mismos, pues además de cubrir requisitos para registrarse como “investigadores”, hay áreas donde los documentos están bajo el resguardo de un agente del Cisen que llegó a ese lugar al mismo tiempo que los archivos y se ha convertido en el guardián de esa documentación. Forma parte de la lucha política por el control de la información gubernamental.

DERECHO DE ACCESO A LA INFORMACIÓN

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¿QUIÉN ES PERIODISTA?

La Comisión Especial para dar Seguimiento a las Agresiones a Periodistas y Medios de Comunicación de la Cámara de Diputados en el Foro: Federalización de los delitos contra Periodista, consideró que era importante para poder llevar a cabo la Iniciativa de Ley, llegar a una definición de quién es periodista, y quién no, ya que no está establecido en las leyes mexicanas.
“Periodista es la persona que hace de la comunicación su trabajo, remunerado o no, de nacionalidad mexicana o extranjera y que ejerce la libertad de expresión como oficio, labor voluntaria o profesión para informar a la sociedad sobre temas de interés común, independientemente de su escolaridad”. Aunque cualquier definición de periodista o de la actividad periodística que limite la libertad de expresión lesiona el ejercicio de un derecho fundamental.
El 15 de febrero de 2006, la Procuraduría General de la República (PGR) emitió el acuerdo A/031/06 por el que se crea la Fiscalía Especial para la Atención a Delitos contra Periodistas (FEADP), que estaría adscrita a la Subprocuraduría de Derechos Humanos, Atención a Víctimas y Servicios a la Comunidad, con la finalidad de coadyuvar con las Procuradurías de Justicia de los Estados, en los ilícitos en materia, contra periodistas.
Pero también “con el mandato de dirigir, coordinar y supervisar las investigaciones, y en su caso la persecución de los delitos cometidos contra periodistas, pero para que ello ocurra deberá acreditarse como tal, que el delito se haya cometido en ejercicio periodístico, y que éste sea de competencia federal”
Por otro lado la actividad periodística se definió como “el ejercicio profesional o no del derecho a difundir, recabar, investigar, sistematizar y publicar ideas u opiniones de manera permanente o esporádica con o sin remuneración, a través de cualquier medio de información, de hechos que sean considerados de interés público, sea o no su actividad principal, independientemente de haber o no relación contractual con el medio, así como cualquier forma de colaboración en el proceso de producción de la información”.
Pero hasta la fecha seguimos en espera de la Iniciativa de Ley…o quizá todavía haya que empatar discordias en cuanto a la definición.

EL PERIODISMO EN MÉXICO, SE HA CONVERTIDO EN PELIGROSO

jueves, 9 de julio de 2009

¿CENSURAR O ACALLAR A LOS MEDIOS?


El poder político en México siempre ha temido a la libertad de expresión, por ello los intentos de acallar o censurar a los medios informativos se sigue dando constantemente, sobre todo a los críticos del sistema.
Tienen referentes en todas las épocas y todos los tiempos, han aumentado el número de periodista agredidos, asesinados, desaparecidos y amenazados. Ya que sigue siendo una de las prácticas más comunes para amedrentar la libertad de expresión en nuestro país.
En las épocas cardenistas, las oficinas de prensa del Gobierno Federal, fueron ideadas para controlar los flujos informativos y difundir sólo las acciones meritorias del régimen, fue un mecanismo de control y suministro informativo a través de un boletín, que contenía todo menos información.
En el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz los embutes llegaron a ser catalogados como “increíbles” superaron considerablemente a los famosos “cañonazos” del General Álvaro Obregón. Durante los sexenios echeverristas y lopezportillistas el “chayote” llegó a su clímax.
Cabe recordar el golpe a Excélsior en 1976, siendo presidente Luis Echeverría Álvarez. Caso en el que Regino Díaz Redondo, quien fungió como ariete gubernamental, logró echar a la calle a grandes periodistas como Julio Scherer García y Vicente Leñero, entre muchos más, lo que luego originaría el surgimiento de dos medios por demás críticos del sistema: Proceso y UnomásUno.
En Tiempo de saber. Prensa y poder en México, en coautoría con Carlos Monsiváis, el fundador de Proceso revela, los juegos perversos a los que recurrieron los gobiernos de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría para acabar con el diario mexicano de mayor prestigio e influencia de su tiempo.

Aunque se dijo en su momento que Echeverría Álvarez planteó las bases de una apertura democrática y alentó la crítica informativa y de prensa.
Vendría después José López Portillo, quien trató de que el Congreso aprobara la llamada Ley Mordaza, que pretendía silenciar a los medios de comunicación críticos a su gobierno. Y que incluso se hizo famosa su frase: “No te pago para que me pegues”.
Dos años después de que terminó su mandato surgió el único periódico considerado de izquierda: La Jornada."
Con Carlos Salinas de Gortari se pusieron en marcha reformas en las relaciones entre la prensa y el gobierno; se dijo que eliminó la costumbre de abonar sobornos a los periodistas en el mismo palacio presidencial. En general, sin embargo, su administración nunca tuvo mucha simpatía por la prensa independiente mexicana.
Según José Gutiérrez-Vivó, “Salinas fue el presidente más duro con la prensa. El fue el que más control quiso tener”.
El gobierno de Zedillo (1994-2000) supuestamente fue el más tolerante, pero los periodistas consideraron su política parcial y contradictoria, entre otras cosas porque durante su gestión se dieron varios casos de agresiones físicas a periodistas y otros de hostigamiento oficial.
Mientras él aseguró en el marco del día de la Libertad de Prensa, el 7 de junio de 1995, “Yo creo que en México hay plena libertad de expresión. Todos los días la disfrutamos, la gozamos y a veces la sufrimos”.
En la actualidad, no se debe perder de vista que dentro de las estructuras políticas y gubernamentales se encuentran imbricados mecanismos de control, que van desde las técnicas informales para el manejo del contenido y énfasis de los comunicados oficiales, hasta el control sobre la publicidad gubernamental que tendría que ser distribuida de manera equitativa, tomando en consideración parámetros de penetración y distribución.
En este último punto, cabe señalar que una manera en que los gobiernos acaban con aquellos medios electrónicos o impresos incómodos, es no otorgando publicidad oficial.
Las palabras que pronunció Francisco Zarco el 25 de julio de 1856, aún se pueden acoplar a la época actual, porque sintetizan el fondo del temor a los medios críticos: “Un célebre escritor inglés ha dicho: Quitadme toda clase de libertad, pero dejadme la de hablar y escribir conforme a mi conciencia.” Estas palabras demuestran lo que de la prensa tiene que esperar un pueblo libre, pues ella, señores, no sólo es el arma más poderosa contra la tiranía y el despotismo, sino el instrumento más eficaz y más activo del progreso y de la civilización”.